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Identidad

Después de más de quinientos años de negar y reprimir las identidades de muchos de nuestros pueblos a lo largo y ancho de esta nuestra querida América, en las últimas décadas se han realizado esfuerzos de diversas organizaciones para la recuperación y revaloración de sus raíces culturales. Uno de esos esfuerzos ha sido el realizado por el colectivo afrodescendiente, cada uno con sus particularidades históricas, contextuales y regionales.

Con esperanza se han venido dando pequeños pasos; pero llenos de convicción; en el proceso de concienciación, empoderamiento y movilización; que son productos de la resistencia y reclamos constantes por participar en espacios de toma de decisiones.

 


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A modo de historia

Se puede decir que en América latina uno de los primeros movimientos independistas ha sido el desarrollado por los distintos pueblos africanos. Así es conocida la fundación de las “Repúblicas de Sambos” hacia los 1570, conformada principalmente por tres grandes familias los Mangache, Arobe e Illescas, que ocuparon un gran territorio desde Puerto Viejo (Ecuador) a Buena Ventura (Colombia).

El ubicarse en la zona costera les supuso muchas ventajas económicas y políticas. Durante muchos años mantuvieron su independencia respecto a la corona española, y comercializaron con Inglaterra y Holanda.

El proceso de la llegada de los afrodescendientes a Ecuador tuvo diferentes etapas en cuanto a tiempo, lugar de procedencia y establecimiento geográfico.

Las primeras referencias y las más representativas se las tiene ya desde la llegada de los españoles, la época de la colonia, y a lo largo de la vida republicana del país. Esta gama de orígenes es muy visible en el país y es posible percibir la gran diversidad de los orígenes y desarrollo de los pueblos afrodescendientes en las tierras ecuatorianas.


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Contexto socio-cultural

En el cantón de Quinindé (en el que trabaja la UONCRE), en la cuenca alta del río Esmeraldas, se han realizado esfuerzos de diversos organismos (entre otros de la iglesia católica), pero no han sido suficientes para visibilizar el potencial histórico y cultural de la población afrodescendiente.

Si bien es cierto que la población afrodescendiente conserva en sus prácticas mucho de su cultura ancestral, ésta se muestra vulnerable frente a la particular dinámica del cantón, que en los últimos 30 años se ha convertido en un cantón receptor de migrantes, motivados por la explotación de los recursos naturales, la ubicación estratégica para la comercialización de éstas y otras mercancías.

La dinámica migratoria que ha transformado el cantón ha chocado con la forma de vida tradicionalmente asumida por los negros/as, muy vinculada con la presencia y conservación de las selvas y bosques profundos, del cual extraían su sustento, siempre en el respeto a los procesos naturales (parámetros sostenibles), para la caza, la pesca, la medicina, la recolección, para sus cantos, sus bailes y ritos. En fin, los bosques y las riberas de los ríos hacían parte de su forma de vivir.

En la vivencia cotidiana de las comunidades existen múltiples expresiones culturales identitarias que se mantienen y deberán desarrollarse: las relaciones de reciprocidad y parentesco, los conocimientos médicos naturales, la cultura culinaria, la preocupación por la preservación del bosque, el baile y el canto, etc.

Los pueblos negros que han sido los mejores guardianes de las selvas son conscientes de que no podrían vivir al margen del mercado, del Estado y de la cultura dominante. Tienen el reto de practicar un modelo de desarrollo que les permita mantener plenamente su identidad de forma que puedan insertarse en el mercado y la sociedad con las ventajas de su fuerza identitaria.

Más información: http://afros.wordpress.com

 

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